Hoy la mayoría de las corporaciones considera fundamental tener un área de Analytics, sin importar el nivel de madurez analítica de la organización.
Más allá de dónde se ubiquen estas áreas en el organigrama, su desafío es doble: iniciar el camino de la ciencia de datos y generar un cambio cultural que aumente la competitividad mediante el uso de datos y un pensamiento riguroso.
En general, estas áreas arrancan contratando científicos de datos o quants, en su mayoría jóvenes y con muchas ganas de mostrar el poder de la analítica.
Lo que define el éxito de un área de Analytics es el flujo de preguntas de negocio relevantes y sus respuestas.
La analítica es mucho más que aplicar deep learning, análisis computacional sistemático o estadística. Sirve para descubrir, interpretar y comunicar patrones significativos en los datos, y para aplicar esos patrones a una toma de decisiones eficaz.
Analytics busca responder las preguntas correctas, necesarias y de alto impacto de la operación. Se logra formando grupos interdisciplinarios de expertos para cada tema, que a su vez derraman la cultura analítica en toda la organización.
La idea es desmitificar la creencia de que las áreas de análisis van a descubrir sistemáticamente patrones ocultos que cambien de inmediato los ingresos de la compañía, como quien busca una constelación desconocida en el cielo.
En pocas palabras: la analítica consiste en responder preguntas de negocio de alto impacto usando todos los datos de la organización. En las primeras etapas, las respuestas rara vez están en un patrón oculto sorprendente. El proceso consiste en redescubrir primero lo obvio que no está pasando, y recién después ir a buscar la Osa Mayor.